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¿Lo que deseamos es realmente lo que necesitamos? La mayoría de nosotros vivimos nuestro día a día en base a  una educación resultadista. A cada paso que damos, a cada año que cumplimos, se nos presenta una plantilla a rellenar, y si no la vamos  cumplimentando parece ser que nunca podremos ser “felices”.

Solemos considerar que todo se reduce a ir consiguiendo determinados objetivos para cada etapa, confundiendo lo que nos han enseñado a desear con lo que realmente necesitamos. Ante este dualismo solemos echar balones fuera pensando que nunca tenemos la responsabilidad de nada y siempre somos víctimas de todo, de  la educación, de la sociedad y de cualquier cosa que haya pasado por nuestra vida.

Cuando comprendemos que la “culpa”  no es de nada externo a nosotros, si no de las expectativas personales de cada uno, nace la responsabilidad de ocuparnos de nosotros mismos.

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Es cierto que si obtenemos objetos y metas, nos sentiremos felices por un breve periodo de tiempo, hasta que ese objetivo ya no nos satisfaga y salgamos en la búsqueda de otro dejándonos con un sentido de vacío y de agotamiento.

Si nos enfocamos en valores en vez de en resultados se nos abre una mirada más amplia de la realidad y de la vida en general. Un ejemplo lo encontramos en una misma situación con distintos enfoques;  dos niños viajan en un coche hacia Disney World. Uno de ellos está enfocado en objetivos: llegar a Disney y disfrutar; el otro también quiere ir a Disney pero vive la experiencia basada en valores: aventura, diversión y curiosidad, lo que le permite tener una experiencia muy diferente y más gratificante del viaje.

¿Hay algo más frustrante que conseguir el resultado por el cual se ha estado luchando para llegar a la conclusión de que eso no era precisamente lo que necesitamos?

 La fuente suprema de la felicidad se debe buscarla dentro de uno mismo

-Dalai Lama-

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Es entendible que en la etapa inicial de la madurez  se tienda más la conformidad, a lo llamativo de este estilo de vida, pero una vez que avanzamos solo es nuestra responsabilidad nuestra elegir lo más adecuado a nuestras circunstancias y características personales.

Por ejemplo, una persona sociable no será jamás feliz con un estilo de vida solitario, o una persona sedentaria tampoco será feliz con una vida activa y así con cada una de nuestras características de personalidad. Pensadlo bien, si la fórmula de la felicidad fuera global o grupal, ¿no creéis que todos haríamos lo mismo?

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

-Benjamin Franklin-

Por desgracia, eso es lo que solemos hacer, el sistema actual y nosotros mismo seguimos cayendo una y otra vez en que hay una fórmula para la felicidad, como si todo se tratara de sumar dos más dos.

En tiempos de crisis financiaría, el modelo de felicidad sigue siendo consumir y obtener propiedades, cuando exclusivamente solo un grupo de personas muy exclusivas son las que pueden hacerse cargo de estos asuntos sin problemas.

Aun así, seguimos vociferando gritos desesperados para encontrar la “felicidad”, sin pararnos a pensar que ser feliz dicta mucho de consumir cosas que no necesitamos para agradar a gente a la que no importamos. Pensadlo bien y sed sinceros con vosotros mismos, ¿lo que deseamos es realmente lo que necesitamos?

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

Henry Van Dyke

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