Hace algo más de medio siglo, una fría tarde, en Moscú, el entonces secretario general del partido comunista Nikita Kruschev, denunciaba en el vigésimo congreso de su partido los horrores cometidos durante el gobierno del despótico hombre fuerte de todas las Rusias, Jusip Stalin, muerto tres año antes, después de haber ejecutado a miles de opositores y mandado matar a todos los viejos compañeros de la Revolución de Octubre, entre ellos al mismísimo León Trotski.

Por primera vez, el premier ruso Kruschev contó ante un centenar de sorprendidos representates partidarios cómo, despiadadamente, Stalin había encarcelado y torturado a miles de los que osaron oponerse a su autoridad, había ordenado deportaciones en masa para otros tantos y había mandando recluir a todos los demás de por vida en las cárceles de la helada Siberia. El secretario general relató con detalles los planes siniestros para oprimir a los países satélites de la entonces llamada Unión Soviética, aplastando en cada lugar a las fuerzas rebeldes con el poderío de la fuerza militar del soviet.

Stalin no había escatimado crueldad para hacer saber el mundo, dentro y fuera de Rusia, que nada frenaría su intención de decidir los destinos de la parte del planeta que quedó bajo su “control” después de lo acuerdos de Yalta.

images (2).jpg

 

Los que allí estaban contarían más tarde que la situación era tan tensa, que mientras el secretario general leía su minucioso e impresionante informe, podía literalmente escucharse en la sala la respiración de algunos camaradas.

De pronto, una voz se escuchó saliendo de entre las cabezas aglutinadas de los dirigentes. La voz preguntaba casi increpando a Kruschev:

– ¿ Y dónde estabas tú, camarada, mientras pasaba todo esto? 

Todos entendieron lo que la frase insinuaba sin decirlo. Nikita Kruschev había trabajado muy cerca del fallecido tirano. Había sido depositario de su confianza, había sido parte de la dirigencia de aquella cruel etapa Stalinista de la Unión Soviética.

images

La pregunta ponía en evidencia que, con su silencio, el ahora denunciante de alguna manera había sido cómplice de las mismas infamias que denunciaba en ese momento.

El secretario Kruschev hizo silencio. La pregunta a viva voz había conseguido callarlos a todos.

– ¿Quién dijo eso?- preguntó luego, con firmeza.

No hubo respuesta.

– ¿Dónde está el que hizo esa pregunta?- volvió a preguntar, estirando el cuello como buscando una mano levantada entre la multitud.

Rusia no era ya de Stalin, pero estaba muy lejos de ser un modelo de democracia o un estado que pudiera garantizar la integridad de los que se oponían al régimen. Los servicios secretos del soviet que, luego se convirtieron en la famosa KGB, seguían siendo poderosos y temibles.

Nadie contestó a la pregunta de Nikita Kruschev.

Fue entonces cuando el secretario del partido dio la respuesta genial a la incómoda pregunta:

– Ya que no te animas a decirme dónde estás, voy a contestarte a tu pregunta de manera que no te quede duda de mi respuesta. ¿Dónde estaba yo en aquellos días?…Yo estaba exactamente en el mismo lugar y en la misma posición en la que tú estás ahora.

cadenas.jpg

Hace falta coraje y solidez para enfrentarse a los precios que casi siempre la sociedad querrá cobrarnos por la osadía de enfrentarse a ella, por la frescura de declararnos libres de decidir por nosotros mismos, por el desplante de desconocer la inviolabilidad de sus mandatos o por la insolencia de pedir explicaciones a las actitudes de los más poderosos.

Leer más: El arte de no complicarse la vida

Centro sanitario de Psicología Renacer colabora con:

logo-universidad-internacional-valenciana.png
images

logo2

Centro de Psicología Renacer está en el:

 REGISTRO SANITARIO DE CENTROS DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA NICA 42965

13233422_1253743037984260_1363340892_n

Centro sanitario de Psicología Renacer.  Nica 42965

http://www.centrodepsicologiarenacer.com/

Contacto: centrodepsicologiarenacer@hotmail.com

Telf:  680624833 

Nº Colegiado: AO-10682